Obispo de Iquique: "Nuestra oración, junto a la devoción popular y los bailes religiosos pone a los pies de la Madre la enorme tristeza, los dolores y agobio de este tiempo de pandemia"

Región 15 de julio de 2020 Por editor
Monseñor Guillermo Vera Soto entregó un sentido mensaje del Comité Permanente del Episcopado de Chile, en vísperas del 16 de julio, día en que el mundo católico celebra a la Virgen del Carmen de La Tirana.
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A horas de que se celebre la solemne Eucaristía de Vísperas de la Fiesta en honor a la Virgen del Carmen de La Tirana, este año que fue suspendida en el pueblo a causa del Covid-19 y que ha sido celebrada durante los últimos días con misas a través de redes sociales, el Obispo de Iquique, Guillermo Vera Soto, entregó un sentido mensaje a nombre del Comité Permanente del Episcopado de Chile, a los devotos y bailes religiosos del norte grande del país, zona fuertemente golpeada por el Coronavirus.

El texto dado a conocer por Monseñor Guillermo Vera Soto, comienza señalando que el feriado del día 16 de julio es “signo de la gratitud de un pueblo que se confía a la protección de la Santísima Virgen María”, Nuestra Señora del Carmen, “Madre y Reina de Chile, consuelo de los afligidos”.

Además, se recuerda que, desde los albores de la patria, Chile ha sido confiado con cariño a la “Carmelita” o la “Chinita”, agregando que esta fecha evoca al “Santuario Nacional de Maipú, la pampa del Tamarugal, la danza festiva y colorida de los bailes religiosos, las oraciones y novenas, en las cuales la Madre preside a sus hijos”.

Ante la crisis que hoy vive el país, se hace memoria de la presencia de la madre del consuelo en momentos de dolor, a través de la imagen de la Virgen del Carmen Misionera obsequiada por el papa Benedicto XVI y que junto al “Evangelio de Chile” fueron testigos de solidaridad, esperanza y reconstrucción tras el terremoto y maremoto del año 2010.

Es por eso que frente a la realidad actual se expresa que este año “nuestra oración, junto a la devoción popular y los bailes religiosos, pone a los pies de la Madre la enorme tristeza, los dolores y agobios de este tiempo de pandemia que vivimos, encontrando en ella el consuelo y la esperanza”, resaltando que si bien “no podremos peregrinar este año a templos y santuarios para celebrarla, como hubiésemos querido, porque necesitamos cuidarnos unos a otros”, tenemos la plena certeza de sentirnos cobijados por su manto.

Los obispos señalan que la Virgen del Carmen: “nos impulsa a estar presente, más que con palabras, a través de la presencia física o remota al lado de los que sufren. Porque “nadie se salva solo”, como nos ha recordado el papa Francisco”, agregando que ella mueve a nuestras comunidades y a todo un país a procurar una ayuda solidaria y una voz de esperanza a los más desposeídos.

“Gracias, queridos voluntarios, por el gran esfuerzo desplegado. La precariedad y la fragilidad en que nos sume la pandemia, nos obliga a todos, especialmente a autoridades, representantes y líderes de la sociedad, a deponer intereses personales y sectoriales para retomar de verdad los caminos de diálogo con acuerdos generosos” afirman los pastores, agregando que “Somos un pueblo en marcha”, y que solo unidos superaremos las injusticias y nos levantaremos de esta crisis, invitando a preguntarse “de qué forma podemos comprometernos solidariamente en las innumerables iniciativas existentes para ayudar a los que más sufren los efectos de la pandemia y a asumir responsablemente los resguardos necesarios para que los contagios no sigan expandiéndose”.

A través del mensaje, el episcopado nacional también afirma: “Tú sabes que esta Iglesia y esta sociedad chilena no siempre ha estado cerca del sufrimiento de los más vulnerables. Tú sabes que no siempre hemos sido humildes como tú. Queremos enmendar y ayudar a sanar. Queremos ser, junto a la gran familia de quienes vivimos en Chile, constructores de una sociedad más justa, con una vida más austera y un mayor cuidado a los más frágiles y a toda la Creación”, reconociendo que “experimentamos fuertemente nuestra debilidad y el sufrimiento de los hermanos nos desgarra; por eso, continuaremos haciendo lo que está a nuestro alcance para acompañar a los que van quedando solos y abandonados”.

Finalmente, los obispos manifiestan “Contigo, Virgen del Carmen, juntos en este camino, hoy te confiamos lo que somos, lo que tenemos y lo que vivimos. Porque sabemos que en las noches tormentosas sabiamente alumbras el camino”.

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